Cuatro meses

30 abril, 2016 § 2 comentarios

Encontrada en tumblr.

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Cuatro meses sin asomarme por aquí, totalmente inmersa en una nueva realidad que ha llegado a su fin.

Aquél 9 de enero estaba a punto de empezar en un nuevo trabajo, casi un año de búsqueda después. Tenía muchas ganas de empezar: era un trabajo al lado de casa, con un buen horario, del ámbito profesional en el que me muevo, y al fin tendría un sueldo asegurado a final de mes. 

Los primeros días no pudieron ser mejores: me hicieron un contrato indefinido (!!!), el sueldo era mejor de lo que esperaba, pagaban puntualmente antes de terminar el mes y mi superior me trataba muy bien. Es cierto que durante el primer mes me repetía a mi misma que no podía fiarme, que probablemente esto se acabaría pronto, pero recuerdo perfectamente que un día, hablando con una amiga, decidí que había llegado el momento de aceptar que a veces las cosas van, sencillamente, bien.

No sé si lo he dicho alguna vez, pero la mayor parte de mi vida profesional la he desarrollado como autónoma. Tal vez por esto estoy poco acostumbrada a ciertas cosas, como que los jefes te hablen mal o no tengan en cuenta tu vida fuera de la oficina, por ejemplo. En muchas ocasiones personas de mi entorno me han dicho que esto es lo normal y que tengo que acostumbrarme. Que es lo que hay, vaya.

Pero yo no lo he llevado bien. Y hablo en pasado porque des de ayer vuelvo a ser una más en la cola del paro. Los motivos de mi despido han sido claros y comprensibles: no había carga de trabajo. Lo entiendo y, a pesar de la inquietud que me produce la incertidumbre que vuelve a rodear mi vida laboral, no tengo nada que objetar.

Lo que pasa es que, durante estos cuatro meses, he vivido en un permanente estado de tensión. Lo fácil sería decir que mi superior era una persona inestable y voluble, con continuos cambios de humor. Que es cierto. Podría añadir que me habló con un tono inapropiado en bastantes ocasiones. Que también es cierto. O que era caótica y desorganizada pero que siempre encontraba la manera de culparme a mi. Todo eso es verdad, pero la responsabilidad de que me haya afectado tanto es básicamente mía.

Durante semanas, me levantaba con las manos sudadas y la mandíbula dolorida después de una noche entera apretando los dientes. Empezar el día se me hacía complicado, tenía mucha ansiedad y una sensación de miedo que se fue incrementando con el paso de los días.

Volvieron viejos fantasmas que yo creía derrotados, y eso me desarmó. Sin embargo, no tiré la toalla, y esa persona nunca entrevió lo que estaba pasando dentro de mí. Yo asentía y simplemente obedecía: me dijera lo que me dijera y como me lo dijera.

Os estaréis imaginando a alguien horrible. Sin embargo, todos los días llegaba con una sonrisa y me saludaba con cariño. Muchas veces me dio muestras de afecto. Incluso me hizo algún que otro regalo. También se disculpó en alguna ocasión, después de una salida de tono. Y a pesar de eso, yo pegaba un salto en mi silla cada vez que escuchaba la puerta abrirse.

Creo que lo que más me afectaba era la incertidumbre. El no saber qué podía esperar. Si ese día se enfadaría, si haría algo que la pondría nerviosa, si podría salir a mi hora. Antes mencioné que tenía miedo, y es cierto. Será más o menos racional, pero lo tenía.

No puedo negar que me siento aliviada por no tener que seguir tratando con esta persona. A pesar de que me ha dicho que está encantada conmigo y que espera que volvamos a trabajar juntas. Ayer estaba triste cuando nos despedimos. Aunque tuvo uno de sus peores días. Una locura.

De esta experiencia me llevo varias lecciones. He permitido que factores externos alteren mis nervios. He dejado que otra persona influya en mi hasta el punto de volverme neurótica y triste. Yo misma he entreabierto la puerta para que todas esas emociones negativas se apoderaran de mí y me condicionaran. He personalizado la situación y he perdido la perspectiva.

Mi nuevo reto es aprender a lidiar con este tipo de situaciones. Encontrar la manera de mantenerme tranquila y feliz conmigo misma, pase lo que pase a mi alrededor. No quiero caer en la tentación de sobreprotegerme y evitar lo que me da miedo. Ese tiempo ya pasó.

Ahora toca descansar un poco, recuperarme y animarme. Me quedo con lo bueno, que lo ha habido, y me dispongo a aprender de lo malo.

Nos leemos pronto, esta vez si.

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