Lo malo de comprar un cachorro…

4 enero, 2016 § 1 comentario

…es que luego te encariñas.

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Esta frase cuanto menos peculiar la he escuchado caminando por la calle esta misma tarde. Inmediatamente me ha venido a la cabeza una escena que presencié en una tienda de productos para animales el pasado sábado.

Un padre, acompañado por sus dos hijos, se encontraban muy cerca del lugar donde varios cachorros jugueteaban tras unos cristales, esperando para ser comprados. Dejando a un lado lo mal que me parece que se comercie con animales, (y más ateniendo en cuenta la cantidad de perros que esperan su segunda oportunidad en perreras de todo el país), no puede evitar fijarme en la niña, que no paraba de suplicarle a su padre que por favor, por favor, por favor, le comprara un cachorrito.

El padre tenía la mirada fija en los perritos, seguramente valorando la posibilidad de hacer realidad los deseos de su hija, que por supuesto no sé si eran fruto de un capricho momentáneo o se trataba de algo que llevaba queriendo mucho tiempo.

El caso es que cuando esta tarde escuché a aquella chica afirmar que “lo malo de comprar un cachorro es que luego te encariñas” me pregunté qué espera alguna gente cuando decide incorporar un perro en su vida.

Evidentemente, esta chica no sabe que es inevitable enamorarse de un cachorro. Que el amor que da un perro pocas veces encuentra comparación, por desinteresado e incondicional. Que además de alegrarse cada vez que te ve (aunque te hayas ausentado solo diez minutos), será tu mejor compañía en los malos momentos. Que pocas cosas te darán más alegría que verle correr con la lengua fuera por una playa desierta. O persiguiendo su pelota favorita O, simplemente, observar la expresión de sus ojos cuando le rascas detrás de las orejas.

Evidentemente, esta chica no sabe que, además de todo esto, tener un amigo peludo conlleva una responsabilidad. Que a veces se ponen enfermos, y los veterinarios no son baratos. Que hay que sacarles a pasear aunque llueva y haga frío. Que hay que educarles, enseñarles dónde están los límites, y tratarles con todo el cariño que se merecen.

De todo corazón, espero que si aquél padre del otro día decidió finalmente comprar un cachorro, sepa todo esto, y esté dispuesto a enseñar a sus hijos lo que representa el amor hacia los animales con su propio ejemplo.

Espero, también, que dentro de unos años, después de haber compartido su infancia con su amigo perruno, estos niños decidan adoptar en lugar de comprar, para que poco a poco cada vez sean menos los que (de manera inconsciente la mayoría de la veces) colaboren con la cría de perros con fines comerciales.

Y espero, por último, que la chica que considera un problema encariñarse de un cachorro llegue a vivir en su propia piel el amor de un perro. Solo entonces comprenderá la incoherencia de sus palabras.

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