2 horas y 50 minutos

18 noviembre, 2015 § 5 comentarios

 Katerina SOKOVA

Katerina SOKOVA

Estas últimas semanas he estado escuchando diferentes podcasts dedicados a charlas del psicólogo Rafael Santandreu. Rafael es un psicólogo cognitivo cuya manera de ver la vida me parece realmente sana, y que me ha ayudado mucho en este último mes de mi vida.

Me ha ayudado a coger perspectiva, a dar la importancia justa las cosas, y, sobretodo, a darme cuenta de que mi felicidad no depende de tantas cosas como yo creía. Puedo ser feliz incluso en las circunstancias más adversas.

“¿En qué medida me impide esto a relacionarme con los demás y hacer el bien?”. “¿En qué medida me impide esto sonreír, pasarlo bien, crear?”. Estas son algunas de las preguntas que nos invita a hacernos Rafael a la hora de enfrentarnos a un problema.

Os invito a ver algunas de sus charlas en youtube, o buscar podcasts de él en Ivox. Seguro que no os defraudará.

Una de las cosas sobre las que más he estado reflexionando en las últimas semanas es la necesidad de volver a prestarme atención. Vivo la mayor parte del tiempo rumiando, proyectando, fantaseando. Muchas veces sobre cosas malas. Cosas que me ponen triste, me enfadan o me preocupan. Mientras hago esto, me olvido de lo que siento realmente, de lo que quiero y deseo. Es decir: paso de mi.

Triste pero cierto.

Ya lo dice el título de este blog: yo antes escribía. Y leía mucho. También escuchaba mucha música, sobretodo mientras trabajaba. Me cuidaba más, me veía más guapa, me sonreía a menudo en el espejo. No digo que antes fuera feliz y ahora no. Mis primeros recuerdos suelen estar teñidos de preocupación. Lo de darle muchas vueltas a las cosas siempre ha sido algo muy mío.

Pero es cierto que, con el paso de los años, me he ido dando la espalda. Evidentemente no ha sido algo consciente, pero sea como sea, ha pasado. Y ahora, tal vez por la terapia a la que comencé a ir, algo en mí ha hecho “click!” y de alguna manera he vuelo a sintonizar conmigo misma. “Hola, aquí estoy de nuevo. ¿Te acuerdas de mi?”.

De alguna manera, vivo anestesiada gran parte del día. Me atrevería a decir que la mayoría de nosotros vivimos así. Anestesiados por las normas de la moda, por las tertulias políticas, por los titulares de los periódicos, por las redes sociales. Prácticamente piensan por nosotros. Nos dicen lo que nos tiene que gustar y lo que no, lo que nos hace deseables o lo que no, lo que es normal y lo que no.

Otra vez: triste pero cierto.

Hoy quise ponerme a prueba. Leyendo un artículo sobre el efecto negativo de estar permanentemente conectados a las redes sociales, llegué a una aplicación (si, del móvil, ejem) que calcula el tiempo que pasamos al día con el teléfono. Incluso te dice el tiempo concreto que has pasado en cada aplicación.

Y es que últimamente me daba cuenta de que cada vez que en la tele ponían anuncios, cada vez que alguna página web tardaba en cargar o cada vez que el semáforo se ponía rojo, miraba el móvil. Instintivamente. Por inercia. Chequeaba instagram y twitter y seguía con lo que estuviera haciendo. Como una autómata.

Quality Time (así se llama la aplicacción), me ha dado hoy una bofetada de realidad. Des de las 10 de la mañana, hora en la que la he instalado, he estado pendiente del móvil 2 horas y 51 minutos. 1 hora y 25 minutos (!!!) en Instagram. He desbloqueado la pantalla para mirar el móvil 103 veces (aproximadamente cada 9 minutos en 13 horas).  No sé si saber esto me da más vergüenza o pena. ¿Estoy tirando mi tiempo a la basura? ¿Estoy viviendo la vida que quiero vivir o estoy dejando que el tiempo pase sin más?.

En un capítulo de su libro “Diario de una abuela de verano” Rosa Regàs reflexiona sobre el paso de los años. De como la vida se precipita, cada vez con más rapidez, hacia el inevitable final. De como nos dejamos llevar por la inercia del día a día y cuando nos damos cuenta vuelve a ser nuestro cumpleaños. De como cada segundo de nuestras vidas se nos escapa entre los dedos irremediablemente.

¿No tiene sentido, pues, adueñarnos de nuestro tiempo y aprovecharlo como más nos apetezca? ¿No es lógico dedicar nuestro día a día a hacer aquello que nos hace felices y a llevar de la mejor manera posible aquello que no nos gusta pero no podemos evitar?

En este sentido, la psicología cognitiva que practica Rafael Santandreu me parece de lo más acertada. La felicidad se encuentra en las cosas más pequeñas y simples, tenemos que volver a reencontrarnos con nuestra esencia y dejar de preocuparnos por cosas que pasado mañana ya no tendrán importancia.

¿Cuáles son las cosas sin las que realmente no podríamos vivir? Pensándolo así, honestamente, la lista sería muy, muy corta.

Es tarde, pero aún estoy a tiempo de adueñarme de mi tiempo y dedicar las próximas horas, hasta que me vaya a dormir, a hacer algo que realmente me guste, conscientemente. Dejar el móvil a un lado y empezar desde hoy a abandonar el hábito compulsivo de mirarlo cada dos por tres. Volver a prestar atención a mi cuerpo, a mi mente, a mis deseos, y así vivir una vida más plena.

No quiero que llegue un día en el que mire atrás y me pregunte por qué he estado perdiendo un tiempo tan precioso, por qué no lo he aprovechado al máximo. Yo soy lo más importante de mi vida. Lo único indispensable. Y, por supuesto, no puedo permitirme el lujo de desperdiciar 2 horas y 50 minutos. Solo así, de esta manera, podré ser feliz y hacer felices a los demás.

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§ 5 respuestas a 2 horas y 50 minutos

  • Javi-k dice:

    El móvil es mal. Perdemos muchísimo tiempo revisando redes sociales, mirando correos, tirando de whatsapp, etc. Antes de que tuviéramos internet tan a mano, recuerdo que aprovechaba mucho más el tiempo.

    Por otro lado, me parece muy interesante lo que comentas de centrarse en cómo nos sentimos, y dejar un poco de lado esas preocupaciones del día a día. Yo creo que nos pasa un poco a todos, nos perdemos en el agobio de la rutina y nos olvidamos de nosotros mismos, de lo que realmente deseamos y nos haría felices.

    Un saludo y buena entrada.

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  • Personalmente creo que lo importante no es el tiempo que dediques a mirar el teléfono, si no que eso no te impida hacer lo que realmente importa. Por ejemplo, algo que me da mucha rabia es la típica situación de cuatro amigos en un bar y todos mirando al móvil. En fin, cosas mías. De todos modos te entiendo muy bien en eso de volver a encontrarte contigo, pero muy bien. Si alguna vez necesitas hablar… ya sabes!!
    Besos
    Fer

    Me gusta

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