La salida

3 octubre, 2015 § 4 comentarios

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“En mi cabeza a veces se instalan enormes nubarrones y se desatan auténticas tormentas.” Así de metafísica me he levantado hoy.

Y dirás, ya, como a todos. Y yo te diré ya, pero a mi me duele lo mío.

Me paso menos por aquí de lo que me gustaría. Mucho menos. Hago muchas cosas menos de lo que me gustaría, pero lo bueno es que todavía hago menos de las que no me gustan. Supongo que esto está bien.

Llevo un tiempo en una especie de parálisis absurda. Y extraña. Me regodeo, me doy lástima, luego me animo, hago una lista y me quedo tan pancha en el sofá.

Y así un día tras otro.

Y pasan las semanas, pasan los meses, y pronto habrá pasado un año, y aquí sigo. En este bucle en el que un día me metí, me sentí a gusto, y me quedé.

Lo malo es que ahora que ya no estoy tan a gusto (más bien nada), me he olvidado de por donde entré y me digo a mi misma que por eso sigo aquí.

Me lo digo muchas veces, aunque en el fondo sé que no es cierto.

No salgo porque no he movido ni un dedo para buscar la salida. Al coco le he dado muchas vueltas, eso sí. Y ya os he dicho que he escrito muchas listas. Propósitos varios, muchas tareas, frases motivadoras, y no se cuantas cosas más.

Pero hacer, lo que es hacer, más bien poco.

El otro día alguien me dijo que soy muy dura conmigo misma. Que no me trato nada bien. Que hablo mal de mi. Que tengo que aprender a ser más compasiva y benevolente, por que así no voy a ninguna parte.

También me habló de mi parto, de cómo me pudo marcar, y de mi infancia, y de mis padres, y de mis abuelos, y de un sinfín de cosas que me hicieron ser como soy. De que todo eso no fue mi culpa, pero que tomar las riendas a partir de ahora está en mi mano.

Y no, no es una entrometida sin más, yo la pagué para que me dijera todo esto. Por que a veces en la vida necesitamos un poco de ayuda, por lo menos yo.

Y es que, si me permitís una reflexión, igual después de estar luchando tanto y durante tanto tiempo yo sola me viene bien que me echen un cable. Que alguien encienda la linterna que arroje un poco de luz en este sitio tan hostil en el que estoy. Y que después me coja de la mano y me vaya guiando hasta que demos con la dichosa salida, y entonces me diga que a partir de aquí puedo seguir yo sola. O no, yo que se.

Pero necesitaba aligerar un poco la carga, compartirla con alguien y dejarme cuidar un poco. Así que aquí estoy. Preparada y lista.

Ya tengo ganas de levantar el culo de este sofá. Más que cualquier otra cosa. Seguiremos informando.

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