Los adioses forzados

26 marzo, 2015 § Deja un comentario

Encontrado en man-and-camera.com

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Ayer, como no podía conciliar el sueño, me puse a escuchar un podcast de Hablar por Hablar. Es un programa que me gusta mucho, será por esa curiosidad mía que me hace engancharme a las historias de las demás (algun@s dirían que soy cotilla), pero el caso es que disfruto mucho oyendo estas voces lejanas a través de un teléfono contando sus vivencias.

Ayer, a medida que avanzaba el programa, me fui poniendo más y más triste. Llamaron varios jóvenes españoles que habían tenido que emigrar para buscar una vida mejor. Lo hicieron a países muy distintos: California, Gran Bretaña, Noruega…pero había algo común en ellos: el deseo de volver a España.

En esos países encontraron trabajo. Están cobrando sueldos con los que aquí no podemos ni soñar. Algunos han encontrado pareja. Pero todos quieren volver.

Decían que echaban de menos a sus familiares y amigos. Que a pesar de tener una vida mejor, se sentían incompletos. Como si estuvieran buscando algo y no lo encontraran. Escucharles me partió el corazón.

Es muy triste que una persona capacitada y con una profesión tenga que ir a un país extranjero a trabajar de camarero y no poder plantearse volver porque sabe que en España jamás podrá igualar el sueldo que percibe. Saber que años de esfuerzo empleados en sacar una carrera han sido en vano, y que en tu propio país te has quedado sin opciones antes de empezar a buscarlas.

Encontrado en kittenhood.wordpress.com

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También es muy triste quedarte y ver que no sales adelante. Que has abierto dos empresas y has tenido que cerrarlas por no poder hacer frente a los gastos. Que trabajas para otros por un sueldo irrisorio y te tratan como si no valieras nada. Saber que en otros lugares tal vez darían valor a tus conocimientos y experiencia, pero que para ello tienes que pagar el alto coste de despedirte de todo aquello que te es familiar.

Dicen que el mundo es de los valientes. Y todas y cada una de las personas que llamaron ayer a la radio lo son. Dar el paso de irse tan lejos no es fácil, y no todo el mundo es capaz de hacerlo. Pero incluso los más valientes sienten miedo cuando ven que no pueden volver atrás. O que, si pueden, será para volver a empezar de cero, y renunciar a aquello por lo que se fueron.

Lo justo sería que un trabajo no condicionara nuestro modo de vivir. Que lo prioritario para nosotros pudiera ser lo esencial: el amor, las relaciones, sentirnos realizados, y no el dinero para llegar a final de mes. Para pagar deudas. Para contar cada céntimo.

No sé. Quedándome no se soluciona nada, pero a veces me hace falta un desahogo. Hoy me siento especialmente fatigada, sin demasiada motivación. Por lo menos, no la suficiente. La incertidumbre ha vuelto a mi vida (tal vez nunca se había ido, solo estaba escondida esperando a la primera oportunidad para salir)  y tengo que volver a aprender a manejarla. Dadme unos días. Es cuestión de tiempo 🙂

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