Lo inesperado

15 marzo, 2015 § 6 comentarios

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Cuando me preguntaban por mi nuevo trabajo, siempre decía lo mismo: muy bien, el trabajo me gusta, es muy variado, los compañeros son muy majos y mis jefas me tratan genial. Y era totalmente cierto. Estaba contenta, porque todo iba bien.

No había quejas hacia mi trabajo, al contrario. Todo eran sonrisas y buenas palabras, en ocasiones incluso llegué a sentir verdadero cariño hacia mi. Me sentía cómoda y confiada.

Por eso, cuando el viernes recibí la llamada de la ETT no me lo podía creer. Un minuto antes, mi jefa me había pedido unas modificaciones, había alabado mi trabajo, y me había emplazado al final de la jornada para mostrarle los últimos trabajos. Un minuto después, me notificaban por teléfono que estaba despedida.

No miento cuando digo que lo que más me dolió fue la sensación de humillación que me invadió. De repente, se amontonaron en mi cabeza conversaciones, comentarios, sonrisas, momentos de camaradería y cobraron un nuevo sentido. Se habían estado riendo de mi.

Hacía por lo menos dos semanas que mis jefas y algunos de mis compañeros sabían que este viernes sería mi último día en el trabajo. Habían estado haciendo entrevistas para cubrir mi puesto en los últimos días, pero nadie tuvo a bien compartirlo conmigo. Tuvo que ser una fría llamada en el momento más inesperado, lo que me hiciera dar de bruces con la realidad.

Todas las promesas de continuidad, todas las felicitaciones por mi trabajo, todas las muestras de afecto formaban parte de una gran mentira. Por lo visto, no me merecía ni siquiera el respeto de ser informada directamente por mis superiores, personas con las que trabajaba codo con codo y que hasta el último minuto estuvieron fingiendo una normalidad ya inexistente.

Hacía días que estaba fuera, pero yo era la única que no lo sabía.

No voy a hablar de la reforma laboral, de los derechos de los trabajadores, ni de la flexibilidad del despido. Doy por sentado que mi opinión al respecto se sobreentiende en cada una de mis palabras.

De lo que quiero hablar es de la falta de empatía y respeto que han tenido hacia mi. Por más que lo intento (y creedme, llevo dos días dándole vueltas) no alcanzo a entender cómo algunas personas pueden ser tan frías. Me pregunto qué pasaba por la cabeza de mi jefa en esos cinco minutos de conversación que tuvimos antes de que me llamaran de recepción para comunicarme que tenía una llamada de la ETT.

Ella sabía lo que estaba a punto de pasar, y no tuvo la decencia de decírmelo con sus propias palabras. Tampoco se disculpó por las malas formas cuando, después de colgar el teléfono, me pidió que fuera a su despacho, esta vez si, para decirme que habían decidido hacer una reestructuración del departamento y que ya no contaban más conmigo.

Des del momento en el que me llamaron hasta que salí por la puerta de la oficina, estuve como en una nube. En cinco minutos había perdido mi trabajo, del que no había recibido una sola queja, sin ninguna explicación convincente y con la sensación de haber sido menospreciada  y utilizada.

Todas las ilusiones, todas las ganas, todos los planes, borrados en un instante, como si todo se hubiera tratado de una broma.

Como suele suceder en estos casos, con el paso de las horas he ido atando cabos y dándome cuenta de que, en realidad, en ningún momento estuvo sobre la mesa que yo continuara en esta empresa. Pero eso no lo hace menos doloroso. Al contrario.

A todos nos han traicionado alguna vez. Sé que no tardaré mucho en estar mejor, en dejar este mal trago en el pasado e incluso en alegrarme de lo sucedido, pues estoy convencida de que todo pasa por algo. Pero por ahora aún necesito desahogarme, compartir lo sucedido, y sentirme decepcionada por la poca capacidad de algunas personas de ponerse en el lugar de los demás y tratarles como se merecen.

Espero que tengáis un buen día. Yo voy a llenar el mío de buenos momentos para recuperarme lo antes posible. Me lo merezco 🙂

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§ 6 respuestas a Lo inesperado

  • Mako dice:

    Mucho ánimo. Sigue adelante. No merecen nada de tu parte, NADA. Un abrazo grande

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  • Por supuesto que te mereces tener un buen día, y una buena semana, y un bues mes, y un buen año… una buena vida a fin de cuentas. Y sí, han jugado contigo, son así, los cabrones son más, pero nosotros somos mejores. Quédate con pensar que, visto lo visto, no te compensaba continuar en ese sitio. Sólo te pido que el día de mañana, cuando, cuando tú seas la jefa, recuerdes lo que te pasó a ti y no hagas lo mismo.
    No dudes de ti, no eres tú, son ellos,
    Besos
    Fer

    Me gusta

  • Las personas como las que te han menospreciado de esa manera tan mezquina son cobardes y, lamentablemente, me temo que hay muchas de esa calaña ocupando puestos de responsabilidad en multitud de empresas. Para esa ¿gente? tú, yo, y todos los que tratamos de hacer nuestro trabajo de la forma más digna, honesta y profesional posible, no somos más que números prescindibles e intercambiables. Jamás se pondrán en tu lugar, porque para ellos, seres cobardes, la empatía no existe. Son egocéntricos, egoístas, rastreros y, probablemente, mediocres, muy mediocres.
    Lamentablemente, casos como el que tú cuentas conozco unos cuantos de primera mano, y la cobardía es el denominador común en todos ellos.
    Mucho ánimo.
    Un abrazo.

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