Me miras

18 noviembre, 2014 § 4 comentarios

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Me miras mientras camino, me clavas la mirada y yo apenas me doy cuenta. Tengo otras cosas en la cabeza. Miras mis bolsas, llenas de comida del supermercado, y piensas que tengo suerte, que me lo puedo permitir. Miras mi ropa y te preguntas en qué tienda la habré comprado y cuanto dinero me habré gastado. Supones que más de lo necesario, y te dices que seguramente no me hace falta la mitad de lo que tengo en el armario. Y tienes razón.

Observas el ir y venir de transeúntes con la mirada perdida. Los ves pasar delante de ti conversando, con prisas, mirando alrededor embelesados, centenares de turistas con la boca abierta. Ves como algunos entran y salen de las tiendas, te preguntas si nunca tienen suficiente.

Hace frío, e intentas pensar en otra cosa. Hoy apenas has comido, pero no pierdes la esperanza. Algunas caras ya te resultan conocidas, puedes ver como intentan evitar todo contacto visual. Un saludo sería demasiado incómodo. Para ambos.

Al principio te daba vergüenza. Mirabas al suelo la mayor parte del tiempo y casi casi deseabas ser invisible. Ahora ya te sientes parte del escenario y la mayor parte del tiempo no te das cuenta de que no perteneces a ese lugar. Que tu lugar no es esa acera hostil en una esquina cualquiera de una ciudad cualquiera.

Encontrado en designsmag.com

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Hubo un tiempo en el que te cobijaban cuatro paredes. En el que tendías tu cuerpo sobre un colchón todas las noches y te cubrías con sábanas limpias. Un tiempo en el que tus días comenzaban con el alentador aroma de un café y una ducha de agua caliente. Un tiempo en el que te peinabas y cortabas las uñas. En el que te mirabas al espejo y te reconocías en el reflejo.

Ahora tu vida es otra. Vives en el lugar por donde otros pasean, rodeado de comida, ropa y, en definitiva, todo aquello que te ha sido arrebatado. Lo tienes ahí, al alcance de tu mano, pero no tienes derecho a cogerlo. Nada de eso te pertenece, ni siquiera la manta maloliente que te cubre por las noches. Tienes suerte de que te dejen estar ahí, a merced de las inclemencias del tiempo y de la mirada de todos esos extraños que son ahora tu única compañía.

Extraños como yo, con una vida propia a la que atender, con un lugar al que llamar hogar, con un plato caliente que nos calma el hambre y el afecto de una familia o de un amigo con el que compartimos vivencias.

Extraños que a veces evitamos mirarte, que procuramos olvidarte para no sentirnos mal. Para protegernos de la dura realidad que nos muestra tu rostro golpeado por la desgracia.

Quiero que sepas que me doy cuenta de que estás aquí. Que te veo cada vez que paso por tu lado, y soy consciente de que lo único que nos diferencia a ti y a mi es un maldito golpe de suerte.

Quiero decirte que se me encoge el corazón y quisiera poder ayudarte. Que no te miro fijamente porque te respeto profundamente. Que me avergüenzo de pertenecer a un país que permite que los ciudadanos a los que ha prometido proteger malvivan en las calles de sus ciudades.

En realidad, querría decirte muchas cosas. Pero creo que, lo que más me importa que sepas es que me preocupas, y que no eres invisible ni para mí ni para muchos otros que, como yo, vemos la atrocidad que se está cometiendo con todos y cada uno de vosotros.

Te tengo muy presente y ojalá, un día, reúna el valor suficiente para acercarme a ti y decírtelo. Para hacerte sentir que cuentas, y que algún día la gente como yo encontrará las herramientas necesarias para, de verdad, poder ayudarte de una vez por todas. Definitivamente.

Me miras. Y  yo te veo. De verdad.

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§ 4 respuestas a Me miras

  • mariaturon dice:

    Cuanta razón tienes. Qué nadie mire a estas personas despectivamente o con miedo, porque otro día y en otro momento la situación podría ser al revés. Cuanta razón tienes!, no necesitamos ni la mitad de lo que tenemos y ansiamos. Por favor paremos nos a pensar que la felicidad no está en tener y tener cosas, es una reflexión difícil de hacer si no estas pasando por una situación complicada. En momentos así, recuerdas lo bien qué vivías con tus sabanas limpias y la ducha de agua caliente… Eso era la felicidad!!

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  • Pues sí, es verdad… muchas veces vas por la calle y te da vergüenza todo lo que te rodea. Y piensas qué puedes hacer, con quién puedes hablar, a quién puedes comentar tus ideas… y al final te sientes inseguro y no haces nada. Porque nadie más lo hace, porque es más cómodo seguir así.
    En fin, por lo menos te has dado cuenta, que ya es mucho.

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