Sobre la vida y la muerte

10 septiembre, 2014 § 1 comentario

Encontrado en fubiz.net

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Hoy murió un hombre. Todos los días mueren hombres. Pero este era muy conocido: era el dueño de uno de los bancos más poderosos del mundo. Hace unos días, despedíamos a otro personaje destacado de nuestro país: Peret. Ambas muertes han sido comentadas en las redes sociales, han abierto telediarios y han ocupado los titulares de la prensa escrita. Sin embargo, es innegable que la reacción de mucha gente (tampoco la mía) no ha sido la misma en los dos casos.

Yo no conocía a ninguno de los dos. El director del Santander era tan desconocido para mí como el rey de la rumba catalana, pero, como ya he dicho no recibí la noticia de su fallecimiento de la mis manera. Sobra decir que no me alegro de la muerte de ninguno de los dos. No me alegro de ninguna muerte, ni siquiera de la de auténticos monstruos capaces de las peores atrocidades. Su desaparición no cambia nada, no redime ninguna de sus fechorías, no devuelve la vida a los que se fueron ni tampoco  a los que se quedaron llorando una ausencia. Sin embargo, hay fallecimientos, como el del señor Botín, que me dejan fría. Como si se me hubieran congelado los sentimientos.

Las redes no han sido compasivas con él. Había muchos mensajes que seguramente dolerían profundamente a cualquier miembro de la familia de este señor si los leyeran. Soy consciente de ello, como supongo que también lo son los autores de dichas manifestaciones. Sin embargo, no puedo evitar pensar que esa reacción colectiva tiene una razón de ser.

Con la crisis, mucha gente empezó a abrir los ojos a la realidad de nuestra sociedad. Fueron muchos los que, por primera vez, se cuestionaron el sistema, y fueron conscientes de que en muchas (demasiadas) ocasiones no somos más que títeres manejados al antojo de unos cuantos. Que el dinero importa más que cualquier otra cosa, y cuando digo cualquier cosa no estoy exagerando.

Lo vemos todos los días. Plantas de hospitales que cierran. Niños que soportan temperaturas de más de 30 grados en aulas prefabricadas. Gente a la que le niegan una ayuda de dependencia. Alcaldes que quitan los bancos de las plazas para que la pobreza no sea tan visible. Y un largo etcétera de derechos recortados en nombre de una crisis que ya poca gente duda que ha sido provocada por el ansia de poder y dinero de ciertas personas.

Insisto, no sé nada de Emilio Botín. No sé si, como dicen algunos, era un optimista convencido. Tampoco sé si donaba dinero a obras de caridad. No sé si le gustaba el cine o cuales eran sus programas de televisión favoritos. No dudo que fue una persona querida, que se enamoró, que disfrutó de largas sobremesas con los amigos o de que, como todo el mundo, tenía sus problemas y no escapaba de los temidos desvelos cuando las cosas no iban bien para él o sus allegados. Sin embargo, el echo de que, como yo, tanta gente hoy haya pensado, aunque fuera por una milésima de segundo, que su muerte no le conmovía lo más mínimo, tiene que decir algo de su persona, o, por lo menos, de lo que hizo en su vida.

Me viene a la cabeza una frase que alguien me escribió en una carpeta cuando era adolescente. Decía:

Cuando tu naciste, tu llorabas y todo el mundo sonreía. Vive la vida de manera que, cuando mueras, todo el mundo llore y tu sonrías.

Buenas noches…

 

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