Idas y venidas

7 septiembre, 2014 § Deja un comentario

Encontrado en chloethurlow.com

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Si me preguntan hace ocho años como sería mi vida a día de hoy, jamás lo habría adivinado. Por aquél entonces me daba pánico volar, me asustaba ir sola a ciudades que no conocía y mantenía una relación muy diferente a la de ahora.

Como ya expliqué en un post anterior, la valentía no es algo que me definiera la mayor parte de mi vida. Buscaba siempre la seguridad (y, en cierto modo, sigo haciéndolo) y jamás me aventuraba a lo desconocido.

Pero de repente, como siempre suele suceder en la vida, todo cambió y me vi haciendo cosas que antes no hubiera soñado. Que nadie se imagine que estoy hablando de proezas ni nada por el estilo. No. Mi vida es mucho más usual, y tiene poco de especial. Me mudé a muchos km de mi ciudad natal, muy lejos de mi familia y mis amigos, y empecé a crecer en muchos sentidos.

Hay algo a lo que me he tenido que acostumbrar a lo largo de estos años, y es a las despedidas. Las bienvenidas, por supuesto, vienen en el pack, pero son la parte alegre de toda esta situación.

En los aeropuertos es donde tienen lugar los momentos más emotivos de mi vida, especialmente a la hora de decir adiós, donde todo se empaña de lágrimas y es imposible tragar el nudo que se forma en mi garganta. Mi corazón se rompe en mil pedazos al saber que quienes más quiero se sienten tristes por decirme adiós, y a la vez late de alegría por el reencuentro que me espera en otro aeropuerto.

Esas sensaciones enfrentadas me dejan el cuerpo extraño, me hacen sentir en una especie de nube de la que me cuesta bajarme. Voy y vengo de dos sitios a los que llamo hogar, y en los que tengo amor para dar y recibir. Y sin embargo nunca puedo tenerlo todo a la vez.

Hay veces que me pongo triste al darme cuenta de esto. Cuando eso pasa, me recuerdo a mi misma que tenía que vivir mi vida y que, si esta me llevó hasta aquí, fue porque valía la pena. También soy consciente de que nada es para siempre, y de que lo más probable es que dentro de no mucho tiempo esté viviendo en otro sitio. Y, sobretodo, me reitero una y otra vez que sólo tenemos una vida y que tenemos que elegir nuestro propio camino con todas las consecuencias.

En cada ida y venida, las cosas van cambiando. Rincones de mi infancia que han desaparecido, tiendas emblemáticas que cierran, amigos y amigas que se han casado, separado, han tenido bebés, se han puesto enfermos o se han ido a vivir al extranjero. Gente querida que muere mientras estás lejos, y cuya ausencia te golpea en la cara cuando vuelves al lugar donde los dejaste la última vez. Plantitas que nadie cuidó mientras no estabas y ahora te reciben marchitas.

Todo eso forma parte de mi vida, y la mayor parte el tiempo lo llevo bien. Sin embargo hay días, como hoy, en los que las lágrimas de despedida están aún muy recientes y el cuerpo sólo me pide hacerme un ovillo y regresar a aquél tiempo en el que todo lo que necesitaba en el mundo estaba en el mismo lugar.

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