Los miedos

4 septiembre, 2014 § Deja un comentario

Vernon Merritt III for LIFE, Mrs. Donn F. Eisele 1968

Vernon Merritt III for LIFE, Mrs. Donn F. Eisele 1968

Siempre he sido una persona miedosa. Des de que tengo memoria, ha habido algo que me causara temor. De pequeña, la oscuridad. La soledad. Lo inexplicable. Algunos de mis amigos se divertían contando historias que a mi me desvelaban durante días. A medida que crecía, los miedos se transformaban, pero nunca desaparecían. Al hacerme mayor, comenzaron a limitarme, y volviendo la vista atrás soy consciente de que en demasiadas ocasiones me impidieron hacer cosas necesarias.

Cuando llegaba el miedo, me paralizaba, daba la vuelta e intentaba escapar. Raramente me enfrentaba a ello. Me producía demasiada ansiedad. Es difícil explicar lo que siento cuando mi cuerpo sólo me pide uhír. Muchas veces lo he intentado, y aún cuando parecía que mi interlocutor me comprendía, el tiempo me ha demostrado que simplemente se estaba mostrando amable. Supongo que no es fácil entender algo que nunca has vivido, y más teniendo en cuenta que todos tenemos que lidiar con nuestros propios problemas.

Con el tiempo he aprendido a controlarme y sobrellevar la ansiedad en esas ocasiones en las que siento que no puedo sobrellevar una situación. Sin embargo, no soy muy estable y en ocasiones me resulta muy difícil no dejarme llevar. Me enfrento a ello casi a diario, y tengo que reconocer que cada pequeña victoria significa un mundo para mí. Aún así, hay cosas que siguen doliendo. Una de ellas es la incomprensión de personas cercanas. Cuando alguien a quién quieres te mira a los ojos y te cuestiona abiertamente, te pide explicaciones que no sabes o no puedes dar, y te da a entender que no cree que sea para tanto, sientes que te invade un cierto desamparo.

Cada persona es un mundo, y todos, en mayor o menor medida, tenemos que enfrentarnos a situaciones que nos asustan. Lo que nos diferencia en estos casos es la manera en la que las afrontamos, y lo cierto es que no resulta fácil valorar el esfuerzo de cada uno a la hora de hacerlo. Lo que para mí es sencillo, para otra persona puede ser terriblemente complicado. ¿Y quién soy yo para juzgarlo?

Por mi propia experiencia, creo que la mejor manera de ayudar a alguien que tiene miedo o ansiedad por culpa algo que está sucediendo en su vida, es ofreciéndose a acompañarle mientras transita a través de ello. Sin juzgar, sin apresurar, sin mostrar impaciencia. Respetando los tiempos del otro y alentándole en los momentos de duda. Sin pretender siquiera que deje de sentir lo que siente. La realidad es que todo, incluso el miedo más irracional, se puede superar con paciencia y bajando las espectativas. Si no se consigue un día, se conseguirá otro. Y será igual de correcto. Si no somos capaces de hacer esto, si no podemos simplemente cumplir con este papel de acompañante, lo mejor será que nos apartemos amablemente y dejemos espacio a la otra persona para buscar ayuda (si la necesita) en otro lado, o, simplemente, le permitamos hacerlo solo.

Al final, se acaba por cruzar el túnel y la luz vuelve a invadirlo todo. Lo importante es no detenerse y seguir avanzando hacia ella.

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