Sobre Facebook

31 agosto, 2014 § 2 comentarios

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A ver como digo esto. No me gusta Facebook, pero tengo Facebook.

Des del principio no me gustó. Me resulta incómodo ver a los demás comunicándose a través de esta página web, aunque no sé explicar por qué. Solo sé que me pasa. Me pone nerviosa. Supongo que prefiero no ver interaccionar a la gente que conozco, porque a menudo descubro formas de expresarse que yo nunca he visto en ellos, o tal vez porque me resulta un tanto falso. Y es que (casi) todos (yo incluída), escogemos qué parte de nosotros mismos queremos mostrar y, sobre todo, cómo queremos hacerlo.

En Facebook todo el mundo es “guapo”, todo son sonrisas, guiños y corazones, la gente se vuelve audaz y graciosa y, escondidos detrás de una pantalla, algunos muestran su lado más visceral. Nada de esto me gusta, pero sobretodo me entristece verme a mí misma utilizando un lenguaje buenrollista incluso con gente con la que no tengo prácticamente contacto. En directo, soy una persona sonriente. Miro a los ojos, me resulta fácil entablar una conversación y me sale de dentro ser agradable. En Facebook actúo parecido, y sin embargo me siento como si estuviera representando un papel. Es extraño e incómodo para mí.

Ya he dicho que no me gusta ver a los demás interactuar. Tampoco me gusta ver constantemente imagenes de comidas familiares, vacaciones, conciertos y bebés. Sin embargo, también yo, de vez en cuando, subo alguna foto de mi vida privada. Es como si, de alguna manera, me sintiera rara por no hacerlo. Sobra decir que esto también me resulta muy incómodo. Y sin embargo, sigo haciéndolo.

Hubo un tiempo en el que no tuve Facebook. Quizás un año. La gente me preguntaba por qué. Mis amigos hablaban de cosas que pasaban sólo ahí. Alguna amiga me dijo que si tuviera Facebook hablaríamos mucho más. Mi pareja pasaba la mayor parte de su tiempo en el ordenador actualizando Facebook. Y me volví a meter. Aunque no me gustaba. Y ya no he sido capaz de irme.

Últimamente, programo mis actualizaciones. Por mi profesión, siento que es importante estar en las redes sociales para hacer visible mi trabajo. Así que un día a la semana entro en mi página de Facebook y creo posts para que se vayan publicando solos sin necesidad de entrar. Una vez al día, miro si alguien me ha dejado un mensaje privado para contratarme y contestar los comentarios cuando los hay. Mi página personal está quedando abandonada. He bloqueado a prácticamente todos mis contactos para no poder ver sus actualizaciones a no ser que entre específicamente en sus muros para verlas. A los que no les he bloqueado, tampoco les veo demasiado, porque últimamente me limito a entrar y mirar en los iconos de actualización si hay algún numerito en rojo. Y poco más. Estoy saturada de tanta exposición. Mía y de los demás.

Además, reconozco que he actuado irresponsablemente. Nunca me he leído las condiciones de uso de Facebook. No me he parado a pensar lo que pasa con las fotografías que cuelgo, las conversaciones que mantengo, o los “me gusta” que regalo. No he decidido si me gusta que utilicen mis actualizaciones y gustos para mandarme publicidad personalizada. Ni si quiero que, cuando me vaya de Facebook, algunas cosas que he publicado nunca desaparezcan de ahí. A veces ne asusta pensar que ya nunca seré una persona anónima, pero sobretodo me preocupa pensar que no he hecho nada para evitarlo, si no todo lo contrario.

Los seres humanos buscamos conectar. Necesitamos estar relacionados entre nosotros, eso nos hace más felices y completos. Supongo que es muy lógico que Facebook haya irrumpido en nuestras vidas de una manera tan exitosa, y que ya forme parte de nuestra manera de interactuar con los demás. Es una página muy bien diseñada y estudiada para que todos queramos estar ahí. Es una empresa de éxito que funciona muy bien y proporciona numerosos beneficios a sus creadores y a todos aquellos que están vinculadas a ella de una manera u otra. Nadie nos obligó a crear una cuenta de Facebook, y nadie nos obliga a seguir ahí. Sin embargo, de alguna manera sentimos que nos quedaremos fuera si le damos al botón de “Eliminar cuenta”.

Siendo honesta conmigo misma, creo que no tardaré mucho en abandonar Facebook. Por lo menos, estoy convencida dejaré de usarla por completo a nivel personal. Será para mi una herramienta más para llegar a posibles clientes, aunque con los nuevos algoritmos de la compañía cada vez es más difícil llegar a otros usuarios. Al final, el dinero manda, y es lógico que los creadores de Facebook busquen ganar algún beneficio de los millones de usuarios que utilizamos su página para promocionar nuestros servicios.

Al final, lo novedoso será no estar ahí. Dejar de ser uno más en una maraña de profesionales intentando buscar su hueco para volver a salir a la calle y mirar a la gente a los ojos. Tal vez después de ese viaje por la vida virtual descubramos que necesitamos recuperar nuestro espacio privado y dejar de mostrar al mundo una imagen idealizada de quienes somos. Aceptar que nuestra casa puede no ser la más grande, luminosa y bien decorada del mundo, pero que tampoco lo son la de la mayoría de la gente que nos rodea. Y, sobretodo, que no hace falta que lo sea. Que nuestra felicidad no se contabiliza en “me gustas” si no en cómo nos sentimos al final del día, y que podemos elegir a quién le mostramos nuestras fotos familiares sin exponernos a miradas curiosas e indeseadas.

Soy una persona social. Me gusta compartir, hablar, discutir, opinar. Pero he descubierto que Facebook no es un buen lugar para relacionarme, por lo menos no para mí. Hace tiempo que lo sé, aunque aún no haya hecho mucho al respecto. Es probable que reflexionar y verbalizar todo esto me ayude ayudado a dar el siguiente paso y ser más consecuente con lo que siento, más allá de lo que dicten las modas y los convencionalismos de la sociedad en la que vivo.

Tal vez sea verdad que estoy preparada para vivir plenamente a mi manera.

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§ 2 respuestas a Sobre Facebook

  • Jesús C. dice:

    sin palabras. Suscribo absolutamente todo lo que dices en la entrada. Necesitamos formar parte del embudo de la sociedad. Gente que no conocemos son “amigos” virtuales. Mostramos nuestra mejor versión, nos “pintamos” la cara, nos ponemos la careta y sentimos que formamos parte de otra “sociedad” paralela. Asi es la comunicación en el Siglo XXI.
    ¿Donde quedó la comunicación in “live”? ¿Cómo viviamos antes sin redes sociales? Para conocer a gente está bien, pero realmente no la conoces si no la ves, si no observas sus gestos, mirada, voz, forma de caminar etc. Ahí es donde realmente interactuas con alguien. Supongo que soy un romántico/nostálgico de las relaciones sociales “vivas”.
    Enhorabuena por tu blog, por todas tus entradas. No dejes de compartir tus interioridades.
    Recibe un saludo.

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    • Muchas gracias por tu comentario Jesús. Me alegro de que la entrada te haya gustado 🙂 En el fondo, creo que tod@s sabemos que para que una relación sea plena es necesario mirarse a los ojos y tocarse…pero resulta más cómodo intercambiar unas líneas por el chat de Facebook. Veremos a donde nos lleva todo esto 🙂

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