De verdad

29 agosto, 2014 § 4 comentarios

one+day+love

Siempre fui muy enamoradiza. No sé si de los chicos que me gustaron en concreto, o más bien de la idea del amor. Sentía cierta adicción a las mariposas en el estómago, a esa sensación de vértigo que te da un simple cruce de miradas. Estar enamorada me hacía sentir viva. Sin embargo, mi carácter dependiente siempre conseguía que el sufrimiento fuera de la mano del amor. Miedo, inseguridad, obsesión, celos. Nunca demasiado dañinos (excepto para mí), pero si lo suficientemente presentes como para empañar las relaciones que he tenido. Me ha costado muchos años abrir la mente hacia otra idea del amor. Empezar a encontrar sentido a esa frase de Drexler que afirma que “uno solo conserva lo que no amarra“. Qué difícil aceptar que es mejor asumir el riesgo de una partida indeseada que vivir en la mentira del que se queda por miedo. Que el amor más valioso es el que se entrega por voluntad propia y no por pena o culpa. Que una de las cosas más hermosas que le pueden decir a alguien es “no quiero que me necesites“, e incluso “quiero que seas feliz en mi ausencia“.

Sería deshonesto por mi parte decir que ya no tengo miedo a la pérdida. Soy poco amiga de los cambios y sigo necesitando sentir que tengo el control de mi vida, y problablemente eso no cambiará, pero ahora soy capaz de darme cuenta de lo absurdo que es pretender algo así. Y resulta que, el simple echo de darme cuenta, hace que todo sea más llevadero. El amor se disfruta más, mucho más, cuando se sabe que se da sin ningún condicionante. Que se da porque se quiere, aunque esto parezca una obviedad. Cuando se da la opción a la otra persona de pasar del “yo también” al “te quiero” y se acepta que el amor se hace y no se dice. Y que, cuando en pareja se vive así, muchos malentendidos dejan de tener sentido, ciertos comentarios no tienen cabida, y todo se vuelve más plácido y placentero.

Teorizar es fácil, ya lo sé. Y yo no voy a decir que puedo aplicar lo que digo todos los días de mi vida. Ni mucho menos. Pero si en algo creo es en la capacidad de cambio del ser humano, en la flexibilidad de nuestro cerebro y en el poder de la voluntad. Me veo a mi misma en constante movimiento, siempre buscando la manera más sana de vivir. La manera que me haga más feliz. La manera que me de más paz. En el amor, y en todas las facetas de la vida, estoy aprendiendo a vivir y dejar vivir, a aceptar, a compartir incluso las diferencias, y a no buscar el cambio en los demás para que se amolden a mi. A ser flexible, abierta, generosa. A ser y dejar ser, y disfrutar de las dos cosas. Estoy, en definitiva, aprendiendo a querer de una manera sana y satisfactoria, a seguir sintiéndome viva en el amor, pero sin dejar cabida a la dependencia y a la necesidad de control. Pasito a pasito, permitiéndome fallar, y disfrutando de cada pequeña victoria.

Amando y amándome. Pero de verdad.

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